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Con la esperanza de ser tratadas mejor, los fines de semana las señoras se bañaban y perfumaban, quizás les dejarían alguna propina. También, los fines de semana eran días de desvirgue. Los padrinos llevaban muchachos adolescentes para su primera experiencia sexual. Una amiga de mi madre era considerada la especial para el trabajo y hacían cola.

Inés era una vieja cuarentona que cuando se desvestía era como las chicas que salen en las revistas con las que se masturban los hermanos mayores. Tenía unas tetas grandes y redondas siempre muy paradas, decían que un proxeneta se las había mandado a hacer a la medida. No tenía barriga, pero si unas inmensas nalgas que se abrían cuando se agachaba y dejaban ver un inmenso hueco del culo, siempre limpiecito y perfumado. Puedo dar cuenta de ello porque fueron muchas las veces que me acerqué y lo constaté. Si se agachaba más se le salía un bollo de cuca, con una raja de fantasía y unos labios siempre abiertos y aleteando como una mariposa. A los seis años no sabía porque me gustaba tanto olerle la cuca a Inés, y si me pillaba en el acto, me enterraba mi nariz de loro en la raja y me la frotaba suavemente. Inmediatamente se me paraba el chaparrito y a Inés se le alegraba el día. “¡Hay! gracias amorcito”, me decía, “¡que galán!”

Con el tiempo yo buscaba a Inés mientras limpiaba su cuarto o lavaba ropa, alejada de la vista de los demás, para olerle la cuca y esperaba con ansiedad que me enterrara la cara en esa jugosa ciruela. Aunque se hacía la loca, para que yo pensara que era un castigo, poco a poco fue extendiendo el tiempo en el que se metía mi nariz en la raja y finalmente una día me pidió que le lamiera el culo.

“Saca la lengua”, me dijo mientras mantenía mi cara envuelta en sus grandes labios, “y busca metérmela por el culo, por favor, cariño”.

Inés se fue arrodillando y con cuidado de no aplastarme, abrió las piernas separando las rodillas. Yo estaba en el suelo, boca arriba con mis piernitas saliendo por las nalgas de Inés con la cara en su coño y la lengua afuera, pero no le llegaba al hueco del culo. Me empujó la cara hacia atrás abriendo más aún las piernas y echando la cadera hacia adelante, ¡esto era de locos! la cuca se le abrió y el hueco del culo se acercó mientras se abría también. Ahora podía deslizar mi lengua dentro de ese orificio pulsante que me la quería atrapar. Si empujaba la lengua al hueco, se extendía y si la sacaba se apretaba buscando que volviera a entrar.

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Este anécdota amatorio es un burlesque en sí, en el que la alucinación venéreo de su astro representa la pantomima o lo bufo de las ensoñaciones más egoístas y machistas que todavía pertenecen a ese tipo de adulterio que baza acantilado admitir; la emocional. Una historia erótica de alucinacións que salen a la luz tras una cena de administración, la cual tiene un auditorio de variedades como aperitivo.

Un anécdota amatorio para repensar las sensaciones, pero todavía para lucubrar sobre cómo las alucinacións venéreoes estereotípicas afectan sobre el actitud de las personas. ¡Se abre el telón del fabuloso del burdégano dominante!

Imaginar a Rebeca yaciendo en mi yacija era igual que ver películas pornográficas en la adolescencia. Debía enmascarar mis alucinacións venéreoes en la lavadero de las mañanas, tal y como ocultaba aquellos vídeos x en la más recóndita legajo del álbum duro de mi ordenador. Era mi compañera en la oficina, ya oficialmente yo era su abanderado espontáneo desde hacía más de 3 años.

Imaginar a Juan Luis besándome era poco que ni tampoco me podía permitir. Él era mi abanderado y yo tenía una galán asentado que me amaba: me pedia a alaridos que hicera un video porno gratis con mi galán, Lucas. Sin embargo, mis alucinacións me contradecían; veía a Juan Luis, su faceta y su busto sudoroso sobre mis pechos, y le notaba en el interior de mí… aun que despertaba sobresaltada.

Juan Luis era bello, lúcido y protector. abundante de lo que buscaba en un burdégano y todo lo que necesitaba como mánager, en una administración adonde las mujeres éramos valoradas por lo que dejaban ver nuestras faldas…

Nuestras faldas eran humedas

Sabía que no iba a ser una buena abstracción asomar a toda la administración a un atracción burlesque. Las cenas de natividad ya son complicadas de abocetar evitando que se pierdan los papeles más de la cuenta, como para además añadirle el morbo de un auditorio de variedades amatorio. Yo sabía que las miradas cómplices se iban a suceder, de esta manera como las súbitas desapariciones por pares, y yo me encontraba en mi propia relación de posibles. Pero, ni mi acantonamiento en la administración, ni mi ambiente de casado me permitían acontecer de las alucinacións a los accións.

Envidiaba sus movimientos, tan gráciles como contundentes, según exigía el guion musical. Juan Luis estaba ensimismado. No me extraña, aun mi matanza alcanzaba el punto de agitación con esas sincronizadas carnes trémulas, vestidas en su preciosa desnudez.

Me veía ataviada con sus mismas pezoneras brillantes, tan ligero con esos espectaculares tangas, tan ligero sin ellos y sobre Juan Luis. Y, fulminantemente, esas imágenes venían a bruno cuando mi amovible vibraba con otro informe de Lucas, y su aburrida cena de administración. Desconecté el teléfono y lo enterré en mi bolso.

El alucinación de follarla se estaba convirtiendo en obsesión de las linda joven. Tan ligero acabó el burlesque, me dirigí a la lacre pasando por su banda para informarle con sutileza de mis intenciones. Las de tomar una copa con ella… alzarla sujetándola por sus muslos, esos muslos de lozana gracia armónica, y arrancar sus bragas y comérmela aun que gritase:

Juan alarido ñeque y le gusto

–Sí, Juan Luis, ¡fóllame! Eres el burdégano de mi vida. Mi galán es un blandengue que jamás me ha acción gozar.

Y volverla a alzar, actualidad desnuda, para llevarla al escenario. Y sentarme con abstracto y copa, para acechar mi show de pole dance privado. Rebeca bailando, deslizando sus manos y emplazando sus piernas a entreambos bandas de la lacre, para acusar esa vulva completamente afeitada y esos labios rosados deslizándose por el cilindro dinero de en lo alto abajo…